LA FUERZA DE LA MOTIVACIÓN 




Consideremos el papel que ejerce la motivación positiva -el ordenamiento de los sentimientos de entusiasmo,


 celo y confianza- en los logros. Estudios realizados con atletas olímpicos, músicos de nivel mundial, y grandes


 maestros del ajedrez demuestran que el rasgo que los une es la capacidad de motivarse ellos mismos para


 llevar a cabo una rutina de entrenamiento implacable. 


Y con el firme aumento del grado de excelencia necesario para alcanzar un lugar a nivel mundial, cada vez es más


 evidente que estas rigurosas rutinas de entrenamiento deben empezar en la infancia. 


Durante los Juegos Olímpicos de 1992, los miembros del equipo chino de saltos de trampolín -que rondaban los


 doce años- habían dedicado tantas horas de práctica como los miembros del equipo norteamericano, jóvenes de


 veintitantos años: los chinos habían comenzado su riguroso entrenamiento a la edad de cuatro años. De igual


 forma, los más grandes virtuosos del violín del siglo veinte empezaron a estudiar el instrumento alrededor de los


 cinco años; los campeones internaciones de ajedrez se iniciaron en ese juego a una edad promedio de siete


 años, mientras aquellos que sólo alcanzaron importancia nacional comenzaron a los diez. 


El inicio temprano ofrece una ventaja de por vida: los mejores alumnos de violín de la mejor academia de música


 de Berlín, todos ellos a principios de la veintena, habían dedicado diez mil horas de su vida a la práctica, mientras


 los alumnos de segundo nivel habían alcanzado un promedio de unas siete mil quinientas horas. 


(Motivación y desempeño de las elites: Anders Ericsson, ‘Expert Performance: Its Structure and Acquisition’,


 AMERICAN PSYCHOLOGIST, 1994).




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